jueves, 2 de abril de 2009

El último regalo de Raúl

En un país convulsionado por la violencia y el conflicto, tú último regalo fueron tres días de Paz y Sacralidad.

Tres días donde la vulgaridad y el cinismo han dejado lugar a la reflexión, el respeto y la fé en nosotros mismos, aquello que, más allá de tus aciertos y tus errores, has sabido encarnar como nadie, querido Presidente.

Tu gran error fué equivocarte de país... Los argentinos siempre pedimos presidentes fuertes que puedan gobernar con la prepotencia de las mayorías; nos cuesta comprender que el diálogo y la humildad son virtudes excelsas. Tal vez, desde donde ahora estás, puedas guiarnos en la construcción de ese país que vos sentías en tu corazón y que nosotros no podíamos vislumbrar.

Entre la gran cantidad de intelectuales brillantes que dió la política criolla, vos eras uno más; pero fuiste uno de los grandes que encarnó amor y sabiduría legítimos. Muchos dirán que otros presidentes fueron mejores, los mismos que seguramente serían felices si la vida les hubiera regalado un padre o un abuelo con tus dones.

Por eso querido Alfonsín, hoy te despido con alegría porque estás más presente que nunca para los argentinos y aprovecho que Dios ha venido a buscarte, para pedirle que nos ilumine con esa luz que tan generosamente compartió a través de tu presencia terrenal.

Pablo de la Iglesia

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