lunes, 17 de agosto de 2009

Desafíos Globales, Respuestas Locales

La necesidad de hacer frente al mayor desafío que enfrenta la humanidad, compatibilizar nuestras necesidades con las de la tierra, nos coloca ante una coyuntura de difícil resolución para una dirigencia política y económica apegada al “status quo” y con escasa predisposición para ejercer creativamente; sin embargo, observando la gama de recursos disponibles, tenemos ante nuestros ojos la más grande oportunidad de mejorar la calidad de vida de la gente con un alcance masivo que supera todas nuestras expectativas.

El mapa internacional nos dice que nos enfrentamos a una serie de crisis, especialmente las de tipo alimentaria, energética y ambiental. La respuesta de la humanidad está dividida; mientras unos buscan soluciones transformadoras, otros alientan medidas que estiren un tiempo más el funcionamiento de un sistema cuya homeostasis no se sostiene si no es con rebuscadas medidas cuyo único propósito es proteger los intereses de los grupos de poder más concentrados.

La crisis agropecuaria argentina es un ejemplo de cómo nuestros viejos esquemas de pensamiento se chocan contra un muro a la hora de buscar soluciones a nuestros problemas políticos y económicos. Para el sector agropecuario el sistema funciona en los números y buscan proteger sus ingresos con paliativos como bajas en las retenciones, simplificaciones impositivas, créditos blandos, etc.; como contrapartida, el gobierno se ha transformado en un parásito que chupa la sangre del productor y no puede reconocer que es el causante de su propia enfermedad, que nos contamina a todos y nos aleja de los debates constructivos.

En España vemos al sector pesquero reclamando bajas en el gasoil en un contexto socioeconómico mundial que sostiene que eso es imposible a largo plazo; por más pescado que repartan para llamar la atención, y por más subsidios y paños fríos que ponga el gobierno de Zapatero, antes o después, el gasoil va a aumentar. Ejemplos de esta naturaleza cunden en todo el planeta y vemos como la solución de un problema conlleva la creación de otro, así el crecimiento económico provoca daños ambientales, o la protección del medio ambiente nos predispone a una profundización de las carencias energéticas, etc.

Mientras tanto, los ciudadanos de a pié intuimos que a la larga estaremos peor. Volviendo al conflicto agropecuario, gane quien gane, a la larga perdemos todos porque no se está debatiendo en profundidad y con toma de conciencia global, cual es el verdadero desafío que tenemos por delante. Si gana el gobierno, caemos en la trampa de la redistribución de un ingreso marcado por la corrupción y la avaricia; si gana el campo y se alienta el correcto funcionamiento de lo que hay, al menos mantenemos una relativa generación de empleos mediocres, una industria metalmecánica que se mueve y unas economías regionales que, en un contexto internacional óptimo para el país, escapan a la crisis. Entre los dos extremos, la ciudadanía se inclina por avalar el reclamo del campo porque es un mejor punto de apoyo para avanzar en una dirección más adecuada.

No creo que sea bueno que mientras una parte de la sociedad se enfrenta en defensa de intereses particulares, el resto nos quedemos inmovilizados y prisioneros de esta disputa; debemos aceptar que este es un desafío que se disolverá en su momento y cuando surja espontáneamente una nueva forma de ver las cosas. Tan solo nos resta confiar que el mantenimiento de los equilibrios transitorios nos traiga el mínimo dolor y que la toma de conciencia ocurra cuando no sea demasiado tarde.

Estoy convencido que podemos seguir atentos y comprometidos con esta situación, mientras que en paralelo vamos generando condiciones superadoras. Es un tiempo donde los municipios, especialmente los pequeños, pueden tomar una serie de medidas que vayan configurando el escenario de lo que será la sociedad del futuro; en ese sentido podemos mencionar:

  • Soberanía Alimentaria
En términos macro, la demanda de alimentos por parte de las economías ricas va a aumentar y es de esperar que el productor primario y la industria agroalimentaria presionen por exportar la mayor parte de los stocks. Esta situación podría comprometer el suministro de alimentos a los más a los pobres, razón por la cual es urgente promover pequeñas producciones en las escuelas, iglesias, plazas, parques y viviendas; cada una adaptada según sus necesidades estéticas y ecológicas, pero con un criterio práctico y estratégico que contemple este punto y la cuestión ambiental.

  • Soberanía Energética
Cuanto menos dependencia energética tenga una comunidad y mejor acceso a su suministro, mejores posibilidades tiene en el futuro. Hoy las posibilidades de acercarnos a la autosuficiencia están mucho más accesibles y esto debe ser promovido como política central de los municipios; algunas medidas factibles:
  1. Capacitación intensiva de arquitectos, ingenieros, funcionarios y constructores en la integración de energías renovables en todo tipo de edificaciones; esto es algo sencillo de hacer y sus frutos pueden ser muy promisorios. La tecnología y las herramientas están, la limitación se encuentra en la falta de conocimientos para su implementación; en la medida que los profesionales estén familiarizados con las mismas, la demanda encontrará su respuesta y la oferta se expresará en los canales comerciales.
  2. Incorporación de generadores solares, eólicos y de biomasa en los edificios públicos. Esto debe hacerse con un doble criterio económico y educativo, de tal modo de multiplicar el impacto del punto anterior.
  3. Planificar los barrios de viviendas sociales con criterios de bioarquitectura y geoingeniería. Hoy, la oferta de estos barrios responde a un criterio estéticamente degradante, energéticamente impresentable y económicamente inaceptable; es imprescindible incorporar diseños innovadores que permitan la incorporación de materiales nobles, cualidades bioclimáticas, acceso a energías renovables que permitan que los más humildes dispongan más energía a menores costos, entornos ambientalmente cuidados y educación para el mejor uso de estas posibilidades.
  4. Estimular fuertemente el fomento de los puntos anteriores en las viviendas y comunidades rurales para fomentar la autosuficiencia con las mejores condiciones de calidad de vida.
Podemos paralizarnos en interminables análisis acerca de cómo resolvemos nuestros viejos problemas con viejas formas de pensar, o podemos impulsar grandes transformaciones con la suma de soluciones sencillas. Es como si viviéramos en dos mundos; uno que está en terapia irreversible y esperando su muerte inminente, pero al cual aún hay que darle los mejores cuidados porque no estamos dispuestos a pagar el precio de una liberadora eutanasia; otro que está naciendo y que necesita que comencemos a estar activos en la creación de su bases de desarrollo.

Apostar a esta visión, como están las cosas, no nos garantiza un mundo ideal, pero nos llena de ilusión y estimulo para intentar construir mancomunada y solidariamente un mundo que merezca la pena ser vivido.
Pablo de la Iglesia

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