martes, 8 de diciembre de 2009

Aprovechemos la crisis para transformar el sistema



Para transformar este sistema caduco, tenemos que ponernos en la perspectiva de las víctimas de la crisis financiera, alimentaria, energética, hídrica, climática y social. Así encontraremos una causa común: un modelo de sobreexplotación y de olvido de la condición humana.

Cuando cerca de mil millones de seres humanos viven debajo del umbral de la pobreza, cada día decenas de millares de personas mueren de hambre, desaparecen etnias, modos de vida, culturas, poniendo el patrimonio de la humanidad en peligro, cuando el clima se deteriora, no podemos resignarnos a hablar sólo de cómo atajar la crisis financiera.

Nuestro mundo requiere alternativas, no sólo regulaciones. No es lógico rehabilitar un sistema si no tratamos de transformarlo. Para comprender el alcance de este deber moral tenemos que ponernos en la perspectiva de las víctimas. Esto nos permite constatar que las crisis, financiera, alimentaria, energética, hídrica, climática, social, tienen una causa común, el agotamiento de un modelo económico de desarrollo por sobreexplotación y olvido de la condición humana. Puesto que estamos ante un caso de conductas desorbitadas e incontroladas podemos transformar el crecimiento y el progreso adoptando otra actitud más humana y solidaria en armonía con las exigencias de la naturaleza.

Esta crisis tiene consecuencias sociales que van más allá del ámbito en que se han desarrollado. El desempleo, el consumo desaforado, la implacable agresión a la naturaleza y la exclusión de los más pobres, la creciente vulnerabilidad de las clases medias y el incesante incremento de las víctimas. No se trata sólo de un accidente en el recorrido del sistema ni de un abuso cometido por poderes económicos. Se trata de los efectos de una lógica que atraviesa la historia económica de los últimos dos siglos.

Se ha confundido ser con tener, mientras se instalaba la falacia de que el motor del crecimiento pasaba por la acumulación del capital, de la cual se beneficiaría, a la larga, el resto de la humanidad. No ha sido así. Estas no son más que las cimas emergentes de un océano de insolidaridad, de ciega explotación de la naturaleza y del trabajo de los seres humanos. Con todas las salvedades cabría decir: bienvenida sea la crisis si con ella acometemos la transformación del sistema.

En este sentido, la burbuja financiera exacerbada por el desarrollo de nuevas tecnologías de la información y de las comunicaciones ha reventado los instrumentos que había idolatrado. La economía financiera se ha vuelto cada vez más virtual y los beneficios se han conseguido a costa de la explotación de riquezas naturales y de comunidades. La especulación se ha convertido en norma del sistema económico.

Un ejemplo lo podemos ver en la crisis alimentaria. Los precios no aumentaron sólo a causa de la explosión demográfica ni por un descenso en la producción, sino por haber sometido la vida de las personas a la consecución de beneficios desorbitados.

También la crisis energética va más allá de los desajustes de los precios del petróleo. Ésta señala el fin del ciclo de la energía fósil barata, pues su mantenimiento llevó a una utilización desorbitada de la energía, en favor de un modo de crecimiento acelerado. La sobreexplotación de los recursos naturales y la liberalización de los intercambios multiplicaron el transporte de las mercancías y fomentaron los medios de movilidad individual, sin considerar las consecuencias climáticas y sociales. La utilización de derivados del petróleo como fertilizantes y pesticidas se generalizó en el marco de una agricultura intensiva.

Ante esta crisis urge buscar soluciones que no se compadecen con mantener el nivel de beneficios, sin tomar en cuenta el medio ambiente ni las necesidades de la población. Pero eso no entra en el cálculo del modelo capitalista. Es el caso de los agrocarburantes y sus consecuencias ecológicas: destrucción, por el monocultivo de la biodiversidad, de los suelos y de las aguas subterráneas, y sus consecuencias sociales: expulsión de millones de campesinos que van a poblar los cinturones de miseria de las ciudades y a empeorar la presión migratoria.

En este contexto podemos considerar la crisis social. Este conjunto de tropelías desemboca en una crisis de la civilización, con el consiguiente agotamiento del planeta y la amenaza a millones de seres vivos. Nunca antes en la historia de la humanidad había sido tan posible la destrucción física del planeta. De ahí la urgente necesidad de aportar propuestas alternativas que permitan una transformación radical de nuestras formas de vida. La política que renuncia a la razón y abandona la ética siega las posibilidades de otro mundo posible, más justo y solidario.


José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la Universidad Complutense de Madrid (UCM). 
Director del CCS


Fuente: Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
citado en www.espiritualidadypolitica.blogspot.com

lunes, 7 de diciembre de 2009

Copenhague y el muro de la codicia

Hoy las corporaciones de la codicia pretenden desafiar el poder de la ONU y la voluntad de los pueblos para imponer su interés; limitando mi juicio a este punto, este es un hecho evidente que en menor escala se repite en las naciones, las provincias y los municipios.

El dinero manipula ferozmente la opinión pública y las víctimas le están haciendo el juego a los victimarios. Al margen de esto, el pueblo, creyendo en muchos casos que alguna de las opciones representa una salida digna a su situación.

La batalla tiene muchos escenarios, pero siempre es protagonizada por los mismos actores en las sombras. Hoy se llama CUMBRE DEL CLIMA DE COPENHAGUE y se debatirá en términos de sostener un modelo económico obsoleto que premia la codicia, la especulación egoísta y la destrucción aberrante de los recursos naturales o estimular un cambio transformador que module las actividades económicas en pos del mayor interés que es proteger nuestro planeta e integrar a los 1.500.000.000 millones de hermanos que hoy están brutalmente excluidos. El punto es que la gran mayoría de los representantes en la cumbre, con muchos y diversos ropajes, lo hacen en nombre de los pocos que buscan la forma de sostener este modelo económico materialista; en tu nombre, en el mío y, especialmente en el de los mil quinientos millones de excluidos, muy pocos en el mejor de los casos.

Se trata de un escenario donde unos pretenderán hacernos creer que un estímulo de 10.000 millones de dólares para promover energías alternativas y emprendimientos sostenibles representan una inversión significativa en la dirección correcta, ¡mientras que en el mundo se tiran 1,2 trillones de dólares al año en armamentos!

Unos pretenderán hacernos creer que el cultivo de millones de eucaliptos transgénicos es lo mismo que un monte nativo, y como tal debe ser estimulado con financiación o incentivos fiscales; llamativamente, en nuestro país, por ejemplo, encontraremos sujetos que se oponen a Botnia en el territorio uruguayo pero ni pío dicen cuando esta masacre que busca alimentar al monstruo de la vereda de enfrente se produce de este lado.

De un lado estarán los que siempre han dicho que hay que estimular la economía para que los que tienen tengan más, y por efecto del goteo famoso les siga lloviendo sequía a los pobres que ya ni siquiera tienen la posibilidad de respirar aire puro porque ese, y a duras penas, solamente lo pueden gozar quienes viven en los countries alejados de las zonas de producción-destrucción.

De un lado estaremos los que preguntamos ¿Es que vamos a seguir utilizando 5.000 litros de agua y 7 kg de grano y soja para producir un bistec de 400 gramos de carne de vaca? Del otro lado en Copehnague estarán los que no quieren ni oír siquiera la pregunta y pretenden que quienes tenemos la honestidad de hacerla vayamos a la hoguera?

Algunos sostienen que este planteo tiene que ver con izquierdas o derechas; pues para mi son dos manos que están muy sucias y los intelectuales de la politología deberían tener la decencia de salir del facilismo filosófico y abordar ensayos sobre soluciones acordes a los tiempos.

Otros sostienen que quienes decimos esto somos catastrofistas... Y en un punto tienen razón, ninguna catástrofe va a ocurrir, ¡YA ESTA OCURRIENDO! Preguntémosle sino a los afectados de inundaciones, tornados y granizos simultáneos de la Argentina; o si no a aquellos que les toca abordar una sequía con suelos degradados y sin paquetes tecnológicos que los puedan salvar. O a los californianos que afrontan la peor sequía de la historia. O a los chinos que en el norte tienen serias dificultades para abastecer de agua a 4.000.000 millones de personas. O a los australianos que vienen afrontando la peor sequía constatada en 117 años y ven asolada el 41% de su agricultura.

Es absurdo pretender seguir haciendo lo mismo para resolver los problemas que hemos sabido crear con esta actitud; este sistema económico, del cual tenemos que rescatar el ideal (y es sólo eso, un ideal) de la libertad, es como conducir a la humanidad viendo el panorama desde la primera fila del Titanic.

¿Cuanto tiempo más nos vamos a seguir mintiendo a nosotros mismos? Esto va a acabar, por decisión colectiva o porque la Pachamama se va a sacudir para expulsarnos como un perro lo hace con las pulgas; es absurdo pensar que la tierra está en peligro, pues está se va a recuperar, la catástrofe está a mano tan sólo para la humanidad.

Hace veinte años cayó el muro de Berlín, pronto caerá el muro de la codicia; tal vez esa sea la razón de tantas profecías. La caída del muro de la codicia implica que para ganar dinero:

* tendremos que producir con integridad.

* tendremos que producir tecnologías que liberen y no, como hasta hoy, que aumenten la dependencia.

* tendremos que producir con la visión de poner el futuro del planeta por delante de cualquier otro valor.

*tendremos que consumir con integridad.

La caída del muro de la codicia implica que quien trabaje pueda vivir dignamente y sostener a su familia; que aquellos que amasaron una fortuna edificando el muro de la codicia van a tener que empezar a ganarse la vida con honestidad y soltar el poder para que este, por primera vez en la historia de la humanidad, pase a ser un patrimonio universal de la ciudadanía en un renacimiento de la democracia.


El desafío es grande, la oportunidad en función de los recursos naturales y tecnológicos es estimulante. Millones de personas dispuestas al cambio tan sólo esperan conductores íntegros que creen espacios y oportunidades para concretarlo. Una era de bienestar para todos está a la vuelta de la esquina si tan sólo los pocos que están arriba en la pirámide priorizan el futuro de su verdadera familia: la humanidad toda.

Pablo de la Iglesia

jueves, 3 de diciembre de 2009

Paul McCartney pide no comer carne un día a la semana para salvar el planeta




El ex Beatle Paul McCartney ha recomendado hoy en el Parlamento Europeo (PE) no comer carne un día a la semana como la medida individual más eficaz para frenar el cambio climático.

"No es tan difícil, se lo aseguro", ha afirmado el músico británico, que ha intervenido junto al presidente del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático, el científico indio Rajendra Pachauri, en la conferencia"Less Meat = Less Heat" (menos carne = menos calor).

McCartney, conocido vegetariano y activista medioambiental, ha interrumpido su gira europea para defender la dieta vegetariana ante los numerosos asistentes a esta cita, que le han recibido en pie y con un gran aplauso.

En su discurso, ha recordado que decidió unirse a la causa por un día sin carne a la semana después de leer el informe de Naciones Unidas "La alargada sombra de la ganadería" publicado en 2006.

Entre otros datos, este documento revelaba que la producción de carne emite un 18% de los gases de efecto invernadero -por encima del transporte, con un 13%- y, además, es en gran parte responsable de la deforestación y la escasez de agua que sufre el planeta.

Hoy, unos días antes de la cita de Copenhague, el ex Beatle ha subrayado en Bruselas "la acuciante necesidad" de hacer algo al respecto y ha defendido dejar de comer carne un día a la semana como una medida "eficaz" al alcance de todos.

"Para producir una hamburguesa se consume la misma agua que una ducha de cuatro horas", ha advertido el músico de Liverpool.

Algunas ciudades ya han adoptado esta iniciativa, como Gante (Bélgica) o Baltimore (Estados Unidos), donde los comedores escolares no sirven carne una vez por semana.

Los niños, ha aclarado McCartney, se prestan "encantados" a contribuir a esta iniciativa, porque saben que es su futuro el que está en juego.

Se trata únicamente de propiciar "un cambio de mentalidad" y explicar a los ciudadanos "hasta qué punto es facilísimo" reducir el consumo de carne, ha señalado el músico, que ha apelado a los gobiernos y al propio Parlamento Europeo para que colaboren con esta medida y hagan frente así a una "crisis a nivel planetario".

Además de combatir el calentamiento global, también ha hecho referencia a los beneficios para la salud de la dieta vegetariana, que reduce el riesgo de padecer cáncer o enfermedades cardiovasculares.

El músico también ha dedicado parte de su intervención a los miles de agricultores que se ganan la vida gracias a la cría de ganado, para quienes ha pedido la ayuda de los gobiernos en la adaptación a nuevas prácticas más amistosas con el medioambiente.

Los McCartney defienden desde hace años la dieta vegetariana: su difunta primera esposa, Linda, creó una de las marcas más conocidas de comidas preparadas para vegetarianos, y Stella, su hija y conocida diseñadora de moda, se niega a utilizar además pieles de animales.

Incluso su ex segunda mujer, la modelo Heather Mills, también acudió al Parlamento Europeo en 2005 para pedir que se prohibiera en la UE la venta de artículos confeccionados con pieles de gatos y perros.

Fuente: www.elmundo.es

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Pudimos parar el cambio climático...



En el 2009 avisamos, informamos, gritamos, pataleamos, advertimos...

... que la riqueza estaba en una semilla y no un paquete tecnológico; porque si esto sigue así, quienes nos vendieron el cuento del paquete tecnológico, en el 2020 serán los dueños de las tierras y los pequeños y medianos productores engrosarán las filas de los pobres.

... aunque algunos entonces tal vez aún conserven el título de propiedad..., y tal vez sus sus tierras estén yermas o bajo las aguas.
En el 2008, en medio de una gran crisis agropecuaria, dijimos que el gobierno y los productores estaban peléandose como garrapatas por un muerto que ya no tenía sangre y ambos iban a perder; los que nunca perdieron son las multinacionales de la codicia y los grandes capitales especulativos que pretenden convertir un rubro noble como la producción de alimentos en una timba en la cual todos estamos de rehenes.
Nos machacan que cuidemos el agua y la valoremos cuando nos duchamos, regamos un árbol en el jardín o nos lavamos los dientes; mientras que simultáneamente millones y millones de litros se contaminan y desperdician con la minería de la muerte, las pasteras del terror, canchas de golf, arroceras fuera de control o emprendimientos termales insustentables.
Nos piden que utilicemos lámparas de bajo consumo... ¡¿y quién se hace cargo del mercurio que contienen al acabar su vida útil!? Estamos hartos que para arreglar una estropeen dos.
En el 2009 toneladas de dinero fueron a parar a las manos de quienes inventaron la peor crisis de la historia, ¡y redoblaron la apuesta! Y quien sabe, tal vez no solo autoinmolen al capitalismo, sino también nuestras libertades.
Nos cuentan el cuento que hay que generar empleos vendiendo más autos que contaminan, que hay que producir más cereales y soja para los hambrientos... Pero la verdad es que en el plus productivo los cereales son para los automóviles y la soja para los cerdos... ¡Y los montes para el recuerdo!
Gritamos a los cuatro vientos que hay alternativas... que podemos generar empleos fomentando las energías renovables, que la riqueza va de la mano del bienestar si estimulamos la producción agropecuaria en armonía con la naturaleza con más agricultores y menos robots... Que es más legítimo producir como nuestros abuelos porque guardamos la tierra para nuestros nietos.
Qué podemos rediseñar nuestra idea del consumo:
- menos autos y más bicicletas.
- cambiar los psicofármacos por las hierbas.
- menos Playstation y más deportes.
- adiós Tinelli y Ricardo Fort, bienvenido el gimnasio y un picnic el fin de semana.

Porque optar por la simplicidad voluntaria en forma consciente es nuestro mejor recurso para evitar la catástrofe... que de seguir así va a a ocurrir... tal vez por la debacle económica, tal vez por el agua o por la sequía, tal vez porque la escalada de violencia nos ponga todos contra todos, tal vez por que un chorro nos clave un cuchillo en el abdomen, tal vez porque nos envenenemos con un medicamento trucho...

Algunos dicen que estamos locos, otros que somos apocalípticos. Pero creemos en la gente y en su capacidad de auto-organizarse para dar un salto cuántico en la evolución. Creemos en que es posible salir de la carrera de la zanahoria y elegir ser feliz... tal vez con menos plata, con un auto más viejo y unas zapatillas gastadas como las que usábamos cuando éramos chicos, pero con más tiempo para la familia y los amigos, más sonrisas y esperanzas, más solidaridad y unidad.

Muchas voces hoy clamamos por un cambio y pedimos responsabilidad a nuestros líderes. ¡Basta de estupideces con mirada miope que no llega hasta pasado mañana! Queremos vivir en paz, en armonía con el planeta, produciendo para las necesidades de la gente, con reparto equitativo de la riqueza...

Le pedimos a los ricos y poderosos que piensen como su egoísmo, por sobre a todos los demás, los condena a sí mismos...

Le pedimos a los pobres que se unan en paz y empiecen a apoyarse unos en otros para construir la nueva prosperidad desde el conocimiento y la solidaridad...

Tal vez el 2020 nos encuentre sufriendo nuestra negligencia de hoy... tal vez gozando las mieles de nuestro despertar. Sea lo que sea, nuestra conciencia estará tranquila porque hoy no habremos jugado el bochornoso juego de lo políticamente correcto y hemos apostado con el corazón por la vida.

Pablo de la Iglesia