lunes, 7 de diciembre de 2009

Copenhague y el muro de la codicia

Hoy las corporaciones de la codicia pretenden desafiar el poder de la ONU y la voluntad de los pueblos para imponer su interés; limitando mi juicio a este punto, este es un hecho evidente que en menor escala se repite en las naciones, las provincias y los municipios.

El dinero manipula ferozmente la opinión pública y las víctimas le están haciendo el juego a los victimarios. Al margen de esto, el pueblo, creyendo en muchos casos que alguna de las opciones representa una salida digna a su situación.

La batalla tiene muchos escenarios, pero siempre es protagonizada por los mismos actores en las sombras. Hoy se llama CUMBRE DEL CLIMA DE COPENHAGUE y se debatirá en términos de sostener un modelo económico obsoleto que premia la codicia, la especulación egoísta y la destrucción aberrante de los recursos naturales o estimular un cambio transformador que module las actividades económicas en pos del mayor interés que es proteger nuestro planeta e integrar a los 1.500.000.000 millones de hermanos que hoy están brutalmente excluidos. El punto es que la gran mayoría de los representantes en la cumbre, con muchos y diversos ropajes, lo hacen en nombre de los pocos que buscan la forma de sostener este modelo económico materialista; en tu nombre, en el mío y, especialmente en el de los mil quinientos millones de excluidos, muy pocos en el mejor de los casos.

Se trata de un escenario donde unos pretenderán hacernos creer que un estímulo de 10.000 millones de dólares para promover energías alternativas y emprendimientos sostenibles representan una inversión significativa en la dirección correcta, ¡mientras que en el mundo se tiran 1,2 trillones de dólares al año en armamentos!

Unos pretenderán hacernos creer que el cultivo de millones de eucaliptos transgénicos es lo mismo que un monte nativo, y como tal debe ser estimulado con financiación o incentivos fiscales; llamativamente, en nuestro país, por ejemplo, encontraremos sujetos que se oponen a Botnia en el territorio uruguayo pero ni pío dicen cuando esta masacre que busca alimentar al monstruo de la vereda de enfrente se produce de este lado.

De un lado estarán los que siempre han dicho que hay que estimular la economía para que los que tienen tengan más, y por efecto del goteo famoso les siga lloviendo sequía a los pobres que ya ni siquiera tienen la posibilidad de respirar aire puro porque ese, y a duras penas, solamente lo pueden gozar quienes viven en los countries alejados de las zonas de producción-destrucción.

De un lado estaremos los que preguntamos ¿Es que vamos a seguir utilizando 5.000 litros de agua y 7 kg de grano y soja para producir un bistec de 400 gramos de carne de vaca? Del otro lado en Copehnague estarán los que no quieren ni oír siquiera la pregunta y pretenden que quienes tenemos la honestidad de hacerla vayamos a la hoguera?

Algunos sostienen que este planteo tiene que ver con izquierdas o derechas; pues para mi son dos manos que están muy sucias y los intelectuales de la politología deberían tener la decencia de salir del facilismo filosófico y abordar ensayos sobre soluciones acordes a los tiempos.

Otros sostienen que quienes decimos esto somos catastrofistas... Y en un punto tienen razón, ninguna catástrofe va a ocurrir, ¡YA ESTA OCURRIENDO! Preguntémosle sino a los afectados de inundaciones, tornados y granizos simultáneos de la Argentina; o si no a aquellos que les toca abordar una sequía con suelos degradados y sin paquetes tecnológicos que los puedan salvar. O a los californianos que afrontan la peor sequía de la historia. O a los chinos que en el norte tienen serias dificultades para abastecer de agua a 4.000.000 millones de personas. O a los australianos que vienen afrontando la peor sequía constatada en 117 años y ven asolada el 41% de su agricultura.

Es absurdo pretender seguir haciendo lo mismo para resolver los problemas que hemos sabido crear con esta actitud; este sistema económico, del cual tenemos que rescatar el ideal (y es sólo eso, un ideal) de la libertad, es como conducir a la humanidad viendo el panorama desde la primera fila del Titanic.

¿Cuanto tiempo más nos vamos a seguir mintiendo a nosotros mismos? Esto va a acabar, por decisión colectiva o porque la Pachamama se va a sacudir para expulsarnos como un perro lo hace con las pulgas; es absurdo pensar que la tierra está en peligro, pues está se va a recuperar, la catástrofe está a mano tan sólo para la humanidad.

Hace veinte años cayó el muro de Berlín, pronto caerá el muro de la codicia; tal vez esa sea la razón de tantas profecías. La caída del muro de la codicia implica que para ganar dinero:

* tendremos que producir con integridad.

* tendremos que producir tecnologías que liberen y no, como hasta hoy, que aumenten la dependencia.

* tendremos que producir con la visión de poner el futuro del planeta por delante de cualquier otro valor.

*tendremos que consumir con integridad.

La caída del muro de la codicia implica que quien trabaje pueda vivir dignamente y sostener a su familia; que aquellos que amasaron una fortuna edificando el muro de la codicia van a tener que empezar a ganarse la vida con honestidad y soltar el poder para que este, por primera vez en la historia de la humanidad, pase a ser un patrimonio universal de la ciudadanía en un renacimiento de la democracia.


El desafío es grande, la oportunidad en función de los recursos naturales y tecnológicos es estimulante. Millones de personas dispuestas al cambio tan sólo esperan conductores íntegros que creen espacios y oportunidades para concretarlo. Una era de bienestar para todos está a la vuelta de la esquina si tan sólo los pocos que están arriba en la pirámide priorizan el futuro de su verdadera familia: la humanidad toda.

Pablo de la Iglesia

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