viernes, 19 de febrero de 2010

Crisis de Sentido

Crisis es oportunidad
Sri Bhagaván


El momento histórico que nos toca vivir puede leerse de muchas maneras, pero hay seis letras compartidas por la mayoría de las visiones: CRISIS.

Lo que también está claro es que hay muchas formas de experimentar la crisis. Podemos cruzarnos de brazos y sumarnos al interminable ejército de los que la asumen con una actitud de victimismo decidiendo que nada podemos hacer por cambiar el estado de cosas. Podemos, también, responsabilizarnos de la misma y asumir el protagonismo necesario para transformar esta crisis en una increíble oportunidad de contribuir al nacimiento de una nueva civilización.

Una de las respuestas más intensas a la crisis global es el surgimiento de vastos movimientos espirituales alrededor del mundo. Algunos delegan la responsabilidad del cambio en Dios. Otros le ponen el cuerpo y están disfrutando este tiempo complejo, sabiendo que Dios puede actuar a través de cada uno de nosotros si hacemos nuestro pequeño ego a un lado y conectamos desde el corazón por el bien mayor.

La crisis global es sistémica. En lo social afecta lo político, lo cultural, lo económico... Crisis energética. Hambrunas en un mundo opulento. Absurdos que muestran gastos de tres mil millones de dólares diarios en armamentos junto a sesenta mil personas muriendo de hambre en el mismo lapso de tiempo.

No contamos con recursos para combatir la pobreza, no contamos con recursos para transformar nuestro sistema productivo de acuerdo a una forma sustentable, armoniosa y próspera. Sin embargo, si contamos con miles y miles de millones para sostener la crisis de los especuladores que desvirtuaron el propósito de la economía, que se enriquecieron destruyendo el planeta, que forjaron su poder multiplicando el sufrimiento de nuestros hermanos.

Esta, por sobre todas las cosas, es una CRISIS DE SENTIDO. Hemos aceptado como normal la violencia cotidiana, nos hemos insensibilizado a las terroríficas imágenes de guerra que derrochan sangre en nuestros noticieros, no cuestionamos que se cree riqueza destruyendo santuarios como la cordillera de Los Andes. No nos rebelamos ante la corrupción que se expresa ante nuestros ojos con total impunidad. Ya ni fuerzas tenemos para alzar nuestra voz por los bosques y la selvas por los que respira nuestra Madre Tierra y son sometidos al paso de las topadoras que preparan el suelo para sembrar la soja que margina cada vez más del sistema productivo a los pequeños agricultores y a los pueblos originarios.

Tal vez sea el tiempo de aceptar que la crisis está adentro de cada uno de nosotros y mirar de frente nuestro grado de responsabilidad ante esa absurda manifestación que está allá afuera. Como ha postulado ese gran maestro de la India, Sri Bhagaván, "el mundo es un espejo y tu te ves reflejado en él".

Jamás daremos el primer paso para reconstruir este planeta maravilloso si no vemos nuestra condición. Debemos trascender el miedo a ver lo que hay allí y aceptar nuestros monstruos interiores. En realidad, se trata de darnos cuenta que es el miedo ilusorio lo único que nos mantiene atados a la crisis, igual que aquel elefante que creció atado a un pequeño palo y ya de adulto, infinitamente más fuerte, seguía preso únicamente de su percepción.

Pablo de la Iglesia

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