viernes, 19 de febrero de 2010

Entender la CRISIS...

Los especialistas ven la crisis segmentada según su ámbito de especialización, para los economistas es la economía, para los políticos es la política... Sin embargo, nuestra civilización se ha vuelto entrópica e inestable; observemos desapegados, que no importa la dirección que tomen los acontecimientos, hoy para la derecha mañana para la izquierda, hoy estimulamos la producción mañana el consumo, siempre emerge la insatisfacción social, independientemente si se trata de un país pobre o rico, de una sociedad católica o judía, de una comunidad socialista o una capitalista, la constante es la insatisfacción.

Por ejemplo en Argentina del siglo XXI. Anoche veía una inspiradora película llamada "Cantos de Libertad" en la cual se refleja la lucha de los negros por la igualdad social en el Estado racista de Mississipi décadas atrás. Mientras el protagonista recordaba su infancia en un entorno hostil, yo pensaba "¡pero si aún sin derechos, los negros vivían mejor entonces que buena parte de los argentinos ahora", incluso en un momento expresé hacia mi interior "si hasta incluso los presos tenían celdas limpias".

Y entiendo que usted reaccione ante la falta de corrección política de mi pensamiento, pero en ese entonces y en ese entorno, un negro sabía lo que podía esperar cuando traspasaba ciertos límites y también sabía, salvo en épocas de mucha convulsión, que en su iglesia podían cantar felices y que en el seno de su comunidad podían comer en familia, disfrutar de su hermandad y dormir una siesta junto al río. Y aunque tal vez nada compense la libertad, un argentino (y lo mismo ocurre en muchas naciones) no sabe si vuelve cuando sale a la calle, no sabe si el negocio familiar que construyó con esfuerzo de años se irá por la borda un buen día porque es asaltado por enésima vez, no sabe si vale la pena trabajar duro para que sus hijos tengan un futuro... Y uno no sabe si estamos mejor o peor que hace unas décadas, pero si bien hemos progresado en algunos aspectos prolijamente enunciados por la doctrina ciudadana, en los hechos, con frecuencia, hemos retrocedido a la época de las cavernas.

Hubo tiempos duros, tiempos horribles para la humanidad, pero casi siempre prevalecieron los valores que, mal o bien, nos daban un marco al que atenernos; hoy, la ausencia de valores en los ambientes más golpeados por la droga, el hambre, la falta de educación o el nulo acceso a un verdadero sistema de salud, implica que una vida no vale nada, que un niño tirado en la calle es un potencial peligro, que nuestros abuelos una carga, que la naturaleza una prostituta a la cual un macho puede usar, explotar y tirar como si fuera un trapo. Y eso nos mató como individuos que sienten, piensan y tienen espíritu crítico, para convertirnos en un tumulto de zombis que sobreviven, obedecen y se defienden unos de otros.

Pablo de la Iglesia

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