viernes, 24 de diciembre de 2010

Consumo

Joaquín Araujo
Torpeza parece aquello de que “ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio”. Como la mala novia a la que evoca lo que es conseja o verso de tonadilla - no me acuerdo - el consumo resulta imprescindible. Pero el bulímico de estos días, como se ha convertido en ideología nos mete de lleno en la comprobada incompatibilidad con este planeta nuestro.

Nuestros excesivos gastos no solo saquean lo ahorrado sino que sobre todo, desgastan al mundo. Ese del que proviene hasta la más pequeña de las posibilidades de ahorrar algo o de consumir algo.

Ahora cuando os arrastran a los máximos de consumismo anual y arrastrado uno por la desgracia de ser consciente de lo que sucede, antes y después de la ceremonia, me disgusta recordároslo. Lo siento pero los escuetos datos que a continuación incluyo son parte destacada del saldo final que para el derredor acarrea la necesidad de consumir lo innecesario.

Solo el 30% de las materias primas, recursos y elementos que necesitamos remover, extraer, cambiar de sitio o SUSTRAER se convierten en mercancías.

Solo el 20% de las mercancías son utilizadas más de una vez. Es decir, se cree y se sacrifica demasiado por algo que resulta descaradamente ineficiente. O lo que es lo mismo –con mucho hacemos muy poco. Sin descartar la manifiesta ineficacia desde el momento en que apenas rinde el esfuerzo consumista. Ni en la consecución de estabilidad emocional; ni en la balanza de pagos; ni mucho menos en la creación de verdadero progreso. Los empleos mismos están consumidos por el consumismo.

Sumemos que el sistema también impone la para no pocos incomprensible -nuestro trabajo incluido- conducta del mercado. El de ese inexorable aumento de precios para lo más demandado y la bajada de lo poco deseado. Pero con no menos trágica incoherencia cuando lo cercano, lo vivaz y hasta lo honesto invariablemente es condenado a toda suerte de presiones para ser despreciado con una bajada incesante de apreciación social y valoración económica.

En fin que la mala noria nos trae de cabeza desde hace demasiado tiempo. Hay que buscar otra relación, por supuesto, más estable y fiable. Hay que casarse con lo esencial. Con lo que lleva demostrando la mayor destreza de momento conocida, es decir la renovación incesante y gratuita de lo viviente. Esa que no gasta más de lo necesario y que con poco hace mucho.

Joaquín Araujo

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