miércoles, 9 de febrero de 2011

Espiritualidad Socialmente Comprometida

Pablo de la Iglesia
El principal desafío de la humanidad pasa por restaurar el medio ambiente y hoy todos nuestros comportamientos colectivos y las soluciones laterales a cualquier necesidad social, deben contemplar esta prioridad; no es suficiente con buscar estilos de vida que minimicen el impacto, nuestra sociedad debe, en forma urgente, reencontrar la capacidad que tiene cualquier otra especie de la creación y vivir en un estilo de vida que armonice circularmente con todo el ecosistema.

La visión que la ciencia impuso en el mundo es predominantemente racional y materialista, rechazando otras formas de comprensión tales como la emocional y, especialmente, la espiritual; a su vez, hemos negado otros atributos de la vida como el alma, las fuerzas primordiales o las diferentes manifestaciones de la inteligencia cósmica en la creación. El grueso de nuestros esfuerzos personales y colectivos pasan por “tener”, “crecer” y “progresar”; en otro contexto histórico podríamos considerarlos como elementos del juego evolutivo, en la actualidad representan el combustible de nuestra propia incineración. Incineración que no es fruto de ningún incidente aleatorio, sino el resultado de nuestra propia determinación enajenada de cualquier forma de sentido común.

El ser humano se siente separado de sus congéneres y de la naturaleza; hablamos de “yo” y los “otros”, de “yo” y la “naturaleza”. No tenemos un registro de unidad y eso provoca que nos sintamos solos, atemorizados y con necesidad de defendernos. Al despertar el sentimiento de comunión con la creación, nos damos cuenta que “somos la naturaleza” y cualquier forma de interacción con ella incide recíprocamente en nosotros; generalizar la toma de conciencia de este punto es el mayor desafío evolutivo que tenemos justo delante y requisito esencial para que “espiritualidad y política”, “economía y política”, “ciencia y política”, se den la mano, recuperen el sentido de propósito y sean funcionales a lo que realmente importa: la felicidad de los pueblos considerando la integridad del todo y la realización total de los individuos que los componen.

La espiritualidad debe ser una herramienta que, funcionalmente, nos ayude a vivir en el mundo. La política, la economía y las ciencias sociales no deben ser compartimientos estancos separados de nuestra vida interior. Si el propósito de estas disciplinas es la felicidad colectiva, el sentido de su trayecto definitivamente tiene que estar señalado por el espíritu humano expresado en sus valores universales.

Pablo de la Iglesia