jueves, 30 de junio de 2011

Los ritmos de la naturaleza

Los que seguimos con preocupación los temas ambientales hemos visto la ausencia de avances en la descontaminación de la central atómica japonesa de Fukushima, destruida por un terremoto el 11 de marzo de 2011. El fracaso de todos los intentos de evitar la salida de radiactividad al exterior muestra que quienes iniciaron una actividad altamente peligrosa no saben repararla cuando falla.

Destacamos el desconcierto de los ciudadanos comunes ante la torpeza e incompetencia de quienes fueron reiteradamente elogiados como los mejores del mundo en el campo de las tecnologías sofisticadas. Una consecuencia de esto fue el rechazo unánime del pueblo italiano a la energía nuclear en un reciente plebiscito. Cuando un punto de vista gana una elección por el 94,5 por ciento de los votos, hay una expresión de profundos sentimientos colectivos. Por eso, es probable que nadie se atreva a convocar un plebiscito semejante en ningún país latinoamericano, por temor a encontrar un rechazo equivalente.

En Argentina, las autoridades acaban de anunciar que modificarán el diseño de la central atómica Atucha II (en construcción) para permitir una parada rápida en caso de emergencia. Lo que equivale a decir que no tenían forma de detenerla en caso de accidente nuclear grave. Indirectamente también están diciendo que las otras centrales atómicas que funcionan desde hace varias décadas no pueden pararse con rapidez. ¿Qué pensaríamos de alguien que conduce un vehículo con una carga muy peligrosa y no tiene frenos?

La historia de cómo y por qué perdimos el rumbo y comenzamos a pedirle a la tecnología cosas que no puede darnos es larga y merece opiniones diversas. Una de ellas tiene que ver con el alejamiento del medio que nos soporta y el creer que podemos reemplazar funciones naturales por medios tecnológicos.

Por eso, nuestra insistencia en recordar los ritmos de la naturaleza a la que pertenecemos, más allá de cualquier percepción ilusoria en contrario.

Antonio Elio Brailovsky

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